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Suena genial Nah, no me interesa
Madrid ha inventado esta vida de esquizofrenia y atascos tras cada amanecer pero también el otoño de una belleza que es casi un insulto, de tanto lirismo.
El madrileño no lo ve (¿es que se puede parar a mirar algo?) pero el color de las nubes se...

Madrid ha inventado esta vida de esquizofrenia y atascos tras cada amanecer pero también el otoño de una belleza que es casi un insulto, de tanto lirismo.

El madrileño no lo ve (¿es que se puede parar a mirar algo?) pero el color de las nubes se llena de pigmentos tostados, añiles y malvas en una sinfonía cromática que resiste, bellísima y arquitectónica, inmutable ante nuestras tonterías. Ya es otoño en Madrid.

madrid
Y es que en Andalucía nunca se olvidaron de la cocina de territorio, memoria y alacena. Quizá es porque la historia en el sur es sinónimo de mestizaje y convivencia entre culturas (romana, musulmana, cristiana y laica) a veces, tan opuestas, y quizá...

Y es que en Andalucía nunca se olvidaron de la cocina de territorio, memoria y alacena. Quizá es porque la historia en el sur es sinónimo de mestizaje y convivencia entre culturas (romana, musulmana, cristiana y laica) a veces, tan opuestas, y quizá por eso es tan natural esta anarquía de sabores, olores, paisajes, especias y cocinas.

Andalucía es exuberancia y el testamento de una manera (la nuestra, la española) de entender la vida y el placer, una forma de entender el mundo absolutamente ligada a la mesa.

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En un bar de la Barceloneta aprendí que la virtud es precaución de alcaldes (Cromwell), que eres cada gesto de amor de tus padres y que ella solo se quedará si la entrega es sin medida; hasta la última gota. Porque tienes sangre en las venas, ¿no?....

En un bar de la Barceloneta aprendí que la virtud es precaución de alcaldes (Cromwell), que eres cada gesto de amor de tus padres y que ella solo se quedará si la entrega es sin medida; hasta la última gota. Porque tienes sangre en las venas, ¿no?. En un bar aprendí que todo lo que viene antes del “pero” no importa, que en realidad solo tenemos nuestros afectos y quizá la verdad más cruel de todas: Es mentira, no hay tiempo.

Sangre en las venas, para Vanity Fair.

Esta ha sido (creo) mi novena visita al restaurante de Ricard Camarena en Dr. Sumsi desde aquel lejano agosto de dos mil doce: es el día en el que Ricard y Mari Carmen Banyuls suben la persiana del que ha sido, sin duda, uno de los restaurantes de mi vida. Sé (porque lo sé) que la de hoy ha sido mi última vez, y puede que también la mejor: 29 platazos donde, como siempre, ha reinado el sabor y el equilibrio. Así que tan solo me queda darles las gracias (a ellos y a todo el equipo detrás; desde Pedro hasta Alba, desde Enrique hasta el último cocinillas) porque aquí he sido feliz, he aprendido, he varado días inmensamente tristes y me he enamorado, he crecido y he sido consciente de ser un poquito partícipe de algo tan verdadero y tan honesto. Gracias, Ricard.

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