Siempre me asusto cuando vuelvo al calendario Your life in weeks, es una propuesta tan sencilla que estremece. Un folio en blanco con las semanas que has vivido y las que te quedan por vivir, asumiendo (mucho asumir veo yo eso) que vivirás noventa años. Es una idea de Tim Urban, puedes (debes) jugar a visualizar tu vida desde esta página. Lo tengo impreso, voy tachando con un rotulador rojo las semanas, se van sucediendo, algunas con entusiasmos, viajes bonitos, hacemos el amor bajo las sábanas, algunas son inevitablemente grises. Sin embargo el color rojo es el mismo: una semana menos. Lo veo cada día, pegadito a la nevera, con un imán que compramos en Pitlochry. Mi padre murió con cincuenta y un años, el padre de mi padre con no muchos más años, ambos por culpa de su corazón. Esta semana fui por primera vez en mi vida a un cardiólogo, Rafael Payá, tras las pruebas me dice que todo está bien, pero que eso no significa absolutamente nada con mi historial genético. Un día, sin más, puede llegar el susto. Por si las moscas, Crestor 10 mg cada día, no liarme mucho con mis vicios, andar cada tarde, esas cosas.
Es inevitable hacer las cuentas con este panorama. No mañana, no “algún día”: hoy. De vuelta a casa hablamos, disfruto mucho conduciendo por la Avenida de Blasco Ibáñez, la luz se cuela a través de los cedros, ha florecido el almendro, es la primavera estallando en Valencia. De un tiempo a esta parte Tractor anda más bajito, lento, muy lento, bellísimo, como una pantera esperando algo. “¿Qué esperas, amor mío?” Le pregunto a Laura si está preparada para el adiós, si imagina cómo será esa última noche con él, me dice que no quiere que ese final sea lo que determina el infinito amor que les conecta: “Yo lo beso todos días, lo cuido, le digo que le quiero. No necesito esperar al final para ajustar cuentas. Las hago cada día. Todos los días”. Tiene razón, ¿esperar a qué?
Llegamos a casa, el café de media tarde, observo de nuevo el calendario, junto a él hay otro con los viajes que serán: Roma, Munich, Tyrol, Mallorca, Como. Ahora entiendo que tras esta obsesión habita el miedo al gris. Vuelvo a esta carta, tan solo había dos apuntes, la idea de Tim Urban y una frase que le leo a Andrea Toribio, autora de Niños del futuro, editado por La Navaja Suiza: “Ninguna vida tiene un trazado claro, ni siquiera para quien la vive”. Yo antes pensaba lo mismo, Andrea, que no había plan, tan solo laberinto. Pero de un tiempo a esta parte sí intuyo uno: saldar las cuentas. Frente al miedo, el amor. Frente al desánimo, la alegría. Alumbra el camino porque no eres más que eso: los pasos que andas. No te sientas culpable sin motivo, no ahorres “te quieros”, celebra todos los meses, todas las semanas, todos los días. Siente tu cuerpo, compra buenas sábanas, no deposites tus alhajas de placer en el futuro —porque no existe. Ten cerquita a gente te quiera bonito, que no te arrastre, que no te quite. El amor nunca resta, el amor solo sabe sumar. Respira hondo, lee poesía, aprende de una maldita vez que equivocarte forma parte del trato. Perdónate hoy mejor que mañana, improvisa la ternura, no tardes tanto en volver al sur. Sé que a veces es difícil, pero es mejor ser sincero. Especialmente contigo mismo. Escucha a tus padres. Dentro de un par de semanas nos volveremos a casar, frente al mar, al atardecer, sobre una antigua fortaleza en Llucmajor. No han pasado todavía diez años, no hay ninguna razón lógica para renovar nuestros votos. Bueno sí, hay una: que te quiero. Que necesito volver a decirte que el mundo es mejor contigo, que fuera hace frío, que sí. Estas son mis cuentas.
La exposición Proust y las artes, en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (del 4 de marzo al 8 de junio) es un sueño: Vermeer, Rembrandt, Van Dyck, Monet o Renoir, además de una selección de libros de Proust. Su vida en París, Venecia o las playas de Normandía. Y quizá el final de exposición más emocionante que yo he visto nunca.
La sorpresa: mañana compartiré en Claves lo que tanto tiempo lleváis preguntándome. Cómo ser parte de La Experiencia: la visita guiada en la que yo seré vuestro guía, un tour a puerta cerrada para unos veinte invitados el viernes 9 de mayo a las 19:15h. La ruta terminará con unos vinos y unas tapas en una zona privada del museo, un picoteo bonito, hablar de las cosas importantes. La visita incluye un ejemplar firmado de Vivir sin miedo. Aquí tenéis todos los detalles, esta experiencia es gracias al programa priceless de Mastercard.
Jesús, lo que has escrito es profundamente humano. Cada palabra respira vida, amor, miedo y una honestidad que conmueve. Esa imagen del calendario con las semanas tachadas, con su rojo inapelable, no es solo un recordatorio del paso del tiempo, sino una forma valiente de mirar de frente a la fragilidad de la existencia. No desde el dramatismo, sino desde la conciencia.
Te abrazo desde la empatía más sincera. Porque no hay respuestas fáciles cuando uno se enfrenta al eco de la herencia, al peso de los silencios genéticos, al cuerpo que guarda historias que no siempre elegimos. Pero lo que tú estás haciendo, ese gesto cotidiano de mirar la vida con atención, de caminar cada día, de besar a Tractor, de preguntarle a Laura, de tachar semanas pero también de llenarlas con viajes, con amor, con conversaciones verdaderas… eso es resistencia luminosa. Eso es vivir de verdad.
Tu miedo al gris es comprensible. Pero lo que has construido —ese amor que no espera al final para hacer cuentas, esa ternura que no se pospone, ese deseo de decir “te quiero” sin ahorrar palabras— es la mejor forma de vencerlo. El calendario puede decir una cosa, pero tú lo reescribes cada día con tu presencia, con tu gratitud, con tu forma de mirar el mundo. Eso no lo mide ningún folio.
Renovar los votos sin que haya “motivo” aparente es, quizás, el motivo más puro. Porque el amor no necesita lógica cuando es verdadero. Porque decir sí otra vez —a pesar de todo, por encima de todo— es un acto de fe en el otro, en la vida, en lo que aún queda por andar.
No estás solo. Sigue tachando semanas, sí, pero también sigue escribiéndolas como lo haces: con coraje, con belleza, con verdad. Eso también es dejar huella.
Gracias por compartir algo tan tuyo. Nos recuerda que, en el fondo, todos estamos aprendiendo a amar mientras aprendemos a vivir.
¡Qué belleza de carta!! Creo que voy a imprimirla y pegarla en la nevera, no tanto el calendario de las semanas sino tu carta e igual voy subrayando todas aquellas cosas que cumpla cada semana...lo dicho...¡espectacular!!!